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Después de dos derrotas contra Pistons y Rockets, para los Raptors fue una bendición pasar por Nueva Orleans (104-127), donde les esperaban esos Pelicans que juegan con una tremenda intensidad desde el asunto Anthony Davis (Alvin Gentry ha contagiado a su equipo una saludable actitud de nosotros contra el mundo) pero que les recibían sin el propio Davis, sin Jrue Holiday y hasta sin E’Twaun Moore. Lo dicho, una bendición resuelta en la segunda parte (43-63) y sellada cuando los triples de Danny Green fueron abriendo la brecha definitiva (77-85 en el tercer cuarto).

Con un 54% en tiros, 66 puntos en la pintura y 53 en transición rápida (son cuartos de la NBA con 18,7 de media) los Raptors jugaron y anotaron muy fácil, dirigidos por Kyle Lowry (13 puntos, 11 rebotes, 12 asistencias) y apuntalados por los 31 puntos de un Kawhi Leonard que, entre mates y bandejas, se fue a un 13/15 en tiros de dos. Silbando contra una defensa que no tenía ni a Holiday por fuera ni a Davis por dentro. Demasiado fácil. Siakam puso 19 puntos y 5 rebotes y Marc Gasol fue titular, tuvo poblemas de faltas primero y acabó después con solo 4 puntos pero 9 rebotes y una buena dirección de la defensa de unos Raptors que contaron además con un buen partido desde el banquillo de Lin, Anunoby y un Serge Ibaka que en 25 minutos se fue a 12 puntos, 11 rebotes y 5 tapones.

Los Pelicans (30-38) pusieron la resistencia que pudieron: 18+9+7 de Julius Randle, 20 puntos de Frank Jackson y 16+12 de un Cheick Diallo que está aprovechando las brechas que deja en la rotación la insoportable gestión del adiós de Anthony Davis, una patata caliente que todavía se le hará larga a la NBA hasta final de temporada. Los Raptors quedan en 47-19, muy firmes en el segundo puesto del Este y con los Bucks a dos partidos y medio. Todavía a tiro. Y casi en ritmo de alcanzar esas 59 victorias que marcaron hace un año (59-23) la mejor temporada en la historia de una franquicia obsesionada con dar, esta vez sí, la talla en los playoffs.